NI UN PASO ATRÁS NI UNO ADELANTE.
Carta abierta al Partido Obrero.
Muchachos del Pe O:
Desde hace años leo sus periódicos, revistas y folletería varia, y sigo con interés sus apariciones en radio y televisión. Estas últimas suelen ser escasas, es cierto, pero no tanto como las de intelectuales y políticos de otros ámbitos, ésos a los que Jauretche (¿lo ubican?) gustaba llamar “nacionales” y a los que ustedes prefieren calificar con el ecuménico remoquete de “burgueses”. Éstos son prolijamente invisibilizados por la televisión comercial y sus democráticos “comunicadores” -de la laya, digo, de la talla de Chiche Gelblung, Luis Majul, Mauro Viale o Marcelo Bonelli-, a cuyos pluralistas espacios suelen asistir, en cambio, Pitrola, Rama o el mismo Altamira cuando aquellos “periodistas” necesitan atacar – desde la izquierda más revolucionaria, claro- alguna medida del gobierno que fastidia a la derecha que ustedes dicen combatir. El inefable Castells suele competir con ustedes en esa tarea, a la que últimamente se han sumado enérgicamente Vilma Ripoll, Juan Carlos Alderete, Claudio Lozano y otros representantes de la incendiada –perdón, incendiaria- izquierda cosmopolita argentina. Con respecto a Castells les diré que últimamente les ha sacado algunas cabezas de ventaja ya que el año pasado logró acceder –bien que por vía vicaria- al espacio más codiciado de nuestra pantalla chica. No sabemos si Altamira, Rapanelli o sus respectivas esposas cultivan el arte de Fred Astaire y Juan Carlos Copes, pero sería cuestión de probar, ¿no es cierto? Un poco más de aire televisivo para mostrar –entre lambada y lambada- su impoluta equidistancia en la lucha intercapitalista por las retenciones al agro, no les vendría nada mal. Aunque en realidad creo que la sugerencia no debería hacérsela a ustedes sino a Tinelli. Por ahí agarra viaje, ¿quién les dice?
Les comento que también, alguna vez, he conocido a algunos militantes obreros de su partido (de los pocos proletarios con conciencia “para sí” que sus inoxidables posiciones han logrado atraer) y los he visto sufrir persecuciones, despidos y hasta dolorosas rupturas familiares por adherir sin reservas a la teoría revolucionaria de la que ustedes son (¿qué duda cabe?) los más genuinos representantes en el país. Lamentablemente, esos obreros a los que ustedes mandan al “muere” en confrontaciones y huelgas a todo o nada, muy pocas veces perduran en la organización y mucho menos arriban a puestos de dirección, esos pocos cargos rentados que parecen estar destinados exclusivamente a militantes de clase media, catedráticos, empleados o estudiantes con su Trotsky bien leído y su Altamira mejor reverenciado.
Les decía que suelo leer todas sus publicaciones y reconozco que si el tenor férreamente inconmovible de sus argumentaciones, en otras épocas despertaba cierta estimación de mi parte y me hacía pensar que su rigurosidad ideológica les impedía “casarse con nadie”, hoy he llegado a creer que ese largo celibato político –cuasi sacerdotal, diría- los ha llevado paradójicamente a compartir cotidiana habitación, no digamos lecho –no me animo a tanto-, con algunos de los “partidos” más codiciados (y liberales) de la farándula política vernácula. ¿O acaso hoy no se saben más cercanos al galán maduro Luciano Miguens o a los recios Buzzi, Biolcatti y De Angeli que a la actriz de carácter (“la señora que le tocó a la Argentina como presidenta”, diría Altamira) que suele salir al balcón a recibir los halagos del Romeo grasa e incorregible al que ustedes miran con simpatía pero que sigue sin darles ni la hora? Así como dicen que los extremos políticos se tocan, el obstinado machismo suele ocultar apegos e inclinaciones más inconfesables.
Por último quiero recordarles que alguna vez don Carlos (no el de “El día que me quieras”, sino el otro) dijo que durante sus años de lucha en el movimiento obrero internacional se había preocupado por sembrar dragones y su magra cosecha sólo le había dispensado un rebaño de pulgas. Les comento esto mientras leo un titular de Prensa Obrera: “La presidenta parió un ratón”. Eso me obliga a preguntarme, y creo que a muchos de sus lectores también: ¿acaso ustedes nunca se detuvieron a pensar que en casi un cuarto de siglo de acción revolucionaria (en lo teórico y en lo práctico) el PO no ha logrado parir, qué digo una pulga, qué digo un ratón, ni el más mísero e inofensivo microbio, ni la más humilde y mansa de las vaquitas de San Antonio?
Juan Carlos Jara